Mirando a Cuenca

Entre las Hoces del Huécar y Júcar hoy seguiremos el hilo de la gastronomía patria. Muchas son las ofertas de la carta manchega. En esta ocasión hablaremos del Morteruelo y de los Zarajos, comidas tradicionalmente de caza, sin florituras, contundentes y muy calóricas. Por lo que pide pan extra, y como dice el refrán: ”Déjate de remilgos y tómate la sopa”. ¡Allá va, pues!Morteruelo

El Morteruelo es un guiso de hígado de cerdo, productos de caza de la Serranía Conquense, pan rallado y especias. Todo ello machacado en un mortero hasta tener la consistencia de una pasta, de la cual se pueden decir muchas cosas (y para gustos los colores, claro), pero para mi preferencia personal: pasta espesa y con hebras rotundas de la caza…Como apunte simplemente decir que no hay que dejarse llevar por las primeras impresiones, porque con la comida pasa como con la vida. ¡Ea!

Zarajos

Los Zarajos son intestinos de cordero lechal marinados, enrollados en un sarmiento y fritos al aceite de oliva. En otras provincias existen platos tradicionales bastante similares, como las Madejas en Aragón y los Embuchados en La Rioja. Un tema peliagudo para el autóctono destripar al visitante en qué consisten los Zarajos, pero al igual que muchas veces me ha ocurrido, diré lo que digo siempre: ”Yo no soy de casquería, pero los Zarajos están muy suaves y muy buenos”. Hay un detalle que suele pasar con frecuencia, y es que algunos bares alegan no tener Zarajos, que eso es para bares ”de poca monta”. Bueno pues esos bares a mí…¡Sal de ahí!. ¡Corre! ¡Corre, Lola, corre!.

Estos guisos manchegos, o estas ”tapitas”, como imaginaréis tienen una digestión caprichosa. Por lo que se recomienda, sobre todo, si es la primera vez que uno se somete a sus encantos: disfrutar del paraje donde te encuentres con un ligero paseíto para poder empaparte de todo el paisaje y paisanaje de La Mancha. Una oportunidad ejemplar para admirar, en este caso en Cuenca, los pinares y choperas perdidos entre la erosión peculiar de la roca en forma de garganta de las hoces, buscar alguna de las esculturas de hierro y piedra en la intemperie de Fernando Buenache, perderte por recovecos con encanto como El Jardín de los Poetas o entre las ruinas de las casas de célebres escritores de la zona como Federico Muelas. Después, claro está, de haber aceptado catar los diferentes porrones de licores de la zona como el Resolí, que el mesón, posada, tasca o barecito te haya ofrecido. O incluso del dulce que en algunas ocasiones tienen el gusto de invitarte junto al café (el Alajú). En cuanto a qué es el Resolí y el Alajú, eso bien se merece otra entrada…

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