LA SIDRA ASTURIANA: EL SABOR DE UN PEDACITO DE TIERRA

Una de las riquezas de España es su gran diversidad, al recorrer la Península se adivinan en cada paisaje sus sabores. No cuesta identificar la paella con Valencia o el salmorejo con Andalucía. Eso mismo ocurre con la sidra y Asturias, son una pareja bien avenida.

Es difícil determinar una fecha exacta en la que la sidra empezó a elaborarse, los primeros documentos que la mencionan en el Reino de Asturias datan del siglo VIII. Pero ya los romanos, aficionados al vino, se sorprendieron de la producción de esta bebida que no procedía de la uva, sino de la manzana.

Manzana de la sidra

Hoy en día la sidra está extendida por diversos países, la mayoría de ellos de la zona atlántica europea. Sin embargo, es innegable que la sidra asturiana tiene caracteres propios que la distinguen del resto de las zonas de producción. Se elabora con veintidós tipos diversos de manzana con unas determinadas cualidades organolépticas. En 2002 nació la Denominación de Origen Protegida “Sidra de Asturias”, sello de calidad y diferenciación que protege algo más que una bebida, una tradición arraigada dentro del folklore asturiano.

vida nocturna de GijónAsturias produce en la actualidad el 80% de la sidra nacional. La floración del árbol comienza en primavera, y es al final del verano cuando tiene lugar la recolección del fruto, llimir la manzana. Después del prensado se deja fermentar de tres a cinco meses en barricas o toneles, en algunos sitios la madera empleada es de castaño. Las transformaciones bioquímicas que se dan para el paso del mosto de manzana a sidra tienen lugar mediante levaduras, bacterias lácticas y acéticas; el azúcar entonces se convierte en alcohol.

No son pocos los eventos y las fiestas que giran alrededor de la sidra. Entre ellos destaca el Campeonato Regional de Escanciadores que se celebra desde 1993. Además, el último fin de semana de agosto, en Gijón, tiene lugar la Fiesta de la Sidra Natural donde se bate el record mundial de escanciado simultáneo.

sidra servidaDegustar la sidra se convierte en todo un ritual, sobre todo entre aquellos que siguen los pasos a pies juntillas. Se debe utilizar un vaso fino y ancho y verterla desde una altura considerable haciendo que ésta rompa contra el filo del recipiente, así se propicia su oxigenación y adquiere las características de una bebida con gas. Se debe servir un culín, que no sobrepase los tres dedos. Siempre se deja un resto en el vaso para hacerlo caer por donde se apoyaron los labios y así limpiarlo para el próximo bebedor, ya que se suele compartir entre dos o tres personas.

No pierdan la ocasión de poner a prueba sus dotes para el escanciado, y sobre todo de pasar un buen rato entre amigos disfrutando de un producto único, ¡salud!.

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