Pasión a la zamorana

Este año la Semana Santa zamorana ha estrenado la declaración de Bien de Interés Cultural con magníficas temperaturas, lo que ha contribuido a que la enorme afluencia de turistas haya quintuplicado la población de la ciudad por unos días; ergo, dando alivio y alegría a comercios, establecimientos de hostelería y hospedaje.

Es de obligado cumplimiento visitar Zamora – Ciudad del Románico – en algún momento, pero merece realmente la pena, al menos una vez en la vida, conocer su semana santa. Es el acontecimiento cultural, social y religioso más relevante de la ciudad y además es considerada una de las semanas santas más impresionantes en España: por su sobriedad, fervor, impresionantes pasos… y todo sea dicho, por la gastronomía propia de estos días.

Aunque los productos y platos zamoranos; los pinchos y tapas de algunos bares, así como sus afamados vinos (Tierra del Vino, Toro, de los Arribes) merecen artículos propios, aquí haremos un breve y único repaso de los platos más emblemáticos de su Semana Santa, que en algunos casos, coinciden con aquellos de otras regiones de Castilla y León.

Fuente: semanasantadezamora.com
Sopas de Ajo. Fuente: semanasantadezamora.com

Es muy tradicional desayunar sopas de ajo la fría madrugada del Viernes Santo cuando la procesión de las cinco de la mañana (Jesús Nazareno) hace un descanso a mitad del desfile. Cofrades, cargadores, músicos, madrugadores y aquellos que han disfrutado de una noche de fiesta, calientan las entrañas (y apaciguan la borrachera) con esta sopa sencilla castellana, que puede disfrutarse también en otras épocas del año.

Ese viernes, cobra protagonismo el potaje de vigilia, hecho a base de garbanzos, espinacas y bacalao. Es en realidad – con sus variantes – uno de los platos más típicos de la gastronomía de semana santa a lo largo y ancho de la península, debido a la prohibición religiosa de comer carne durante la cuaresma y que con el paso del tiempo se limitó a los viernes.

IMG-20150405-WA0021Finalmente,  el Domingo de Resurrección, tras la procesión, las familias se reúnen en bares o en las casas, para celebrarlo sirviendo como almuerzo el Dos y Pingada (y una tajada). Consiste en dos huevos fritos y dos magras de jamón pasadas por la sartén. Un plato muy sencillo, y de larga tradición en la ciudad. Ya lo dice el romancero popular zamorano:

            Ya resucitó el señor
            y repican las campanas.
            Prepara el almuerzo, chica,
            y fríe dos y pingada.

Aceitadas
Aceitadas

Para finalizar el repaso hay que mencionar dos dulces imprescindibles. En primer lugar, son muy populares estos días las almendras garrapiñadas, que hacen más llevadera la espera de las procesiones, y porque los cofrades de algunas de ellas, las reparten a los niños. Las calles de Zamora huelen a almendra garrapiñada. Y finalmente, las aceitadas, que junto con el Dos y Pingada, es uno de los productos más característicos de la gastronomía zamorana en estas fechas. Son pastas elaboradas con aceite, harina, azúcar, huevos enteros, yemas y anís. Ni muy secas ni demasiado dulces: quién prueba repite.

Ojalá tras leer ésto haya quien se atreva en sus casas a cocinar estos estupendos platos (http://semanasantadezamora.com/gastronomia), o mejor aún, se anime el próximo año a disfrutarlo en Zamora.